miércoles, 16 de noviembre de 2011

Las Islas Bijagós

Durante los días que han recorrido desde el 5 al 15 de Noviembre, he tenido la oportunidad de vivir una de las visitas por Guiné más bellas en todo mi tiempo aquí. Acompañando a Samuel en el diagnóstico de un nuevo proyecto, hemos tenido la oportunidad de recorrer algunas de las islas que componen el Archipiélago de los Bijagós, en la barca de su ONG, Manitese, acompañados por Babacar, el coordinador local radicado hace 10 años en la capital de los Bijagós.

Después del gran bache vital y profesional, la vida se abre y se expande hacia donde uno intenta empujarla .

Y es así como estas dos semanas estamos viviendo en la confortable casa de Manitese, construida hace más de 25 años por la ONG italiana que realizó grandes proyectos en estas islas, aunque de estos queden bien poco, como todo lo que se trata de proyectos y memoria histórica en Guinea Bissau.

El pueblo que habita los Bijagós adquiere también el mismo nombre, la etnia bijagó, y es la cultura que se mantiene más viva, del abanico de etnias que existe en Guinea Bissau. Los bijagó son gente amable y orgullosa, y en la isla de enfrente a Bubaque, donde se sitúa la capital, cuenta la historia de cómo fueron los últimos en ser colonizados por los portugueses, hasta bien entrado el siglo XX. Es en esta isla (Canhabaque) y en la de Orango, donde se sitúa una de las Reservas de la Biosfera y parque natural que existen en las islas, donde aún también se mantiene la cultura matrilineal que antes se expandía por todo el Archipiélago, y que me hizo poner los pelos de punta desde buen principio, cuando oía hablar de ellas.

Aún no he descubierto exactamente en qué consiste esta cultura matrilineal, aunque lo que si he podido vivir ha sido la cercanía y calidez de las mujeres con las que hemos tratado en nuestras visitas de estos días por las islas. Y lo que he podido vivir también de cerca es la dulzura de la vida aquí, en comparación al polvo duro de las rocas de Bafatá. Los hombres y las mujeres parecen más jóvenes que en el continente, el clima es caluroso pero nunca húmedo ni pesado, y una dulce brisa empieza a soplar al atardecer. Dicen que la dieta de aquí tiene todos los componentes nutritivos, y el pescado abunda de tal manera que sólo es preciso tirar un hilo de pescar con alguna cosa en su punta para enseguida apañarlo. En fin, que uno podría quedarse a vivir aquí…


La capital de las islas, Bubaque, es una pequeña ciudad donde conviven bijagó, etnias del continente y expatriados mayoritariamente franceses que han ido abriendo durante los últimos años unos cuantos hoteles bien encajados en el paisaje. Del otro lado de la isla se encuentra su única playa, la playa de Bruce, para mi la más bella de toda Guinea, con kilómetros y kilómetros de palmerales y sólo un pescador que se divisa a lo lejos…



Lo que atrae más turistas (los muy pocos que se aventuran) es la pesca de aventura y los especiales animales que puedes encontrar en los 2 Parques naturales: los hipopótamos de agua salada de Orango y las tortugas de diferentes especies que van a desovar a la isla de Poilão.

Para ir a ver a los hipopótamos de Orango tienes que aventurarte por un río de agua salada isla adentro, lleno de manglares con ostras , o bien desembarcar en la playa para atravesar un paisaje onírico, lleno de espigas que reflejan la luz dorada del sol…

Para llegar hasta los hipopótamos tienes que atravesar unas pozas de agua llenas de “sambichugas” (sanguijuelas), aunque si pasas rápido tienes suerte… y después de esta pequeña prueba llegas a las lagunas, llenas de diferentes especies de pájaros y con los pequeños ojos de los hipopótamos, que inmersos en el agua bien fresquita, observan lo que se mueve alrededor… y de vez en cuando bostezan!

Para ir a ver las Tortugas marinas tienes que ir un poco más lejos… hasta las últimas islas del archipiélago situadas al sudoeste. Nosotros tuvimos la oportunidad de acampar en el campamento permanente de los guardas del parque una noche de luna llena, y la luna roja salió a recibirnos al anochecer. Nos sentamos en la arena, acompañados por unos amigos biólogos, y de repente 4 enormes tortugas estaban subiendo por la arena para empezar a cavar sus nidos y desovar en ellos. Nos quedamos en silencio, inmóviles, respetando su lento movimiento hasta fuera de la orilla. Luego poco a poco, nos situamos detrás de una, la más cercana, mientras esta cavaba su nido, en la oscuridad iluminada por la luna. Después compartimos el gran milagro de la naturaleza de todos los seres animales… el momento del parto, o de su desovar. Momento en el cual la tortuga entra en un trance de unos 15 minutos, en la que la puedes iluminar con la linterna (siempre por la parte trasera), apartar un poquito sus  patas, y ver cómo van cayendo decenas de huevos de futuras tortuguitas.

Entrada la noche, seguimos acompañando a los guardas del parque, y en decenas de sitios veíamos removerse la arena, con tortugas cavando sus nidos, o entrando y saliendo al mar. Íbamos con cuidado de no pisar las pequeñas tortuguitas que habían salido de sus huevos, y que se dirigían a su primer contacto con el mar, hasta casi bien entrado el amanecer.


Estos frágiles parques naturales son joyas que han sido preservadas gracias a que poca ha sido la explotación pesquera, industrial o turística de Guinea Bissau hasta el momento. Estos ecosistemas han permanecido bastante intactos paralelamente a la preservación de las formas de vida de los Bijagó.  ¿Porqué cambiar? 

“Aquí es difícil trabajar”, nos han dicho varias personas. Difícil trabajar en proyectos de desarrollo de ONGs, en nuevas empresas... La resistencia al cambio, es la mejor de las preservaciones naturales. ¿Podemos nosotros cuestionar eso? ¿Podemos atrevernos a “mejorar” sus vidas?

Cuando de derechos humanos vulnerados se trata, para mi no hay duda alguna. Cuando una mujer muere de parto por la poca asistencia sanitaria agravada por una ablación del clítoris realizada en razón a su origen étnico, es irrefutable la necesaria intervención, en una forma adaptada, viable y sostenible.

Pero cuando se trata de un pueblo ancestral, con riqueza cultural, natural y con una vida que parece anclada en el pasado pero que es harmoniosa, veo que la única opción que debemos seguir es quizás conocer y partir. Y si uno se queda, caminar con ellos de la mano, siguiendo un camino que se va construyendo siempre conjuntamente, siempre guiados por su paso.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El M.A.L.L.O.

En la vida a veces aprendes a marchas forzadas. Creo que si en nuestra vida no hubiesen infortunios, quizás no aprenderíamos a ver con tanta claridad y alegría los momentos felices.

Es en los momentos duros de la vida donde he aprendido más, cuando he caído al suelo y después poco a poco me he levantado, y al mirar la vista atrás puedo ver cómo se volvieron fuertes mis talones y mis rodillas para levantarme de nuevo sin titubear, o para no tropezar de nuevo con la misma piedra, aunque seamos seres humanos.

He podido conocer casos en mi vida en que la gente, de los sucesos en los que te caes al suelo, o en un gran agujero, se levantan o salen, pero se quedan con el barro pegado en el cuerpo. Tristeza, odio, resentimiento… sobre todo resentimiento, que puede ser hacia unas personas y luego se expande hacia el resto del mundo. Yo en estos últimos meses he conseguido salir de un gran agujero, y estoy intentando que quitarme todo el barro... Aún tengo alguna tristeza prendida en el corazón, porque todo en lo que creía estaba lleno de trasgirversaciones, mentiras y engaños, pero poco a poco veo que se va a ir disipando…

Y el aprendizaje está siendo grande, muy grande.

He conocido a personas muy buenas, buenas de corazón. Pero he aprendido que el ser humano no es tan simple como eso, y que incluso en los buenos corazones los seres humanos siguen teniendo grandes ansias de poder. Ya no los advirtió Foucault. El mundo no sólo es movido por el dinero, sino por el ansia de poder.

Mis primeras cartas a mis amigos y los escritos en este blog estaban llenas de palabras de esperanza y de trabajo que necesitaba de constancia. Estos valores van a persistir en mí, pero ahora abro los ojos a la complejidad que encierra mi trabajo, Bafatá, Guinea Bissau, África supongo. Aquí puedes hacer muchas cosas, la gente está muy necesitada, y los guineenses tienen un corazón abierto y que expresa gran gratitud. Pero así como en España las noticias de empresas y políticos corruptos son nuestro pan de cada día, aquí, aunque al decir esto esté reforzando el GRAN estereotipo, aquí la corrupción se ha convertido en algo tan normal, que es PEOR aún, porque se han acostumbrado a ella. Y como se han acostumbrado a ella, la acaban disculpando, y entran en su círculo: ¿por qué no coger también mi pedazo de pastel si lo tengo tan a mano…?

Mientras los guineenses sigan transigiendo esto, mientras no denuncien, mientras no tengan una conciencia política y la política se convierta en algo real en este país, no avanzarán hacia ningún sitio. Y digo avanzarán, porque las palabras polític ya no me sirven. Avanzar es lo que necesitan, porque aquí los niños se mueren de simples diarreas y porque los ministros se dedican antes que nada a construirse la mansión, comprarse el coche particular, y a colocar a todos los familiares posibles como funcionarios del gobierno.

Así, la corrupción rodea el trabajo de las ONGs, pero también se mete dentro de ellas, bien dentro.

Esto es la tristeza que aún tengo en el corazón, pero ahora estoy más segura que nunca que este no dejará de buscar proyectos donde si se pueda construir algo más justo y mejor para las personas. Para seguir trabajando con la misma esperanza y constancia que antes.

jueves, 16 de junio de 2011

Las mujeres de la Cantera

En estos últimos días he estado auto grabándome con una cámara de video para el programa de la TV2 de Acción Directa, y pensé que para acabar bien el recorrido en los diferentes proyectos de la ONG, nada mejor que visitar uno de los que más me gusta, sin tener ya excusa de no poder visitarlo por la sobreacumulación de trabajo: una escuela-jardín que se construyó para los niños sin escolarizar de una asociación de mujeres que trabaja en la Cantera de la ciudad de Canchungo.
La última vez que habíamos visitado la escuela-jardín, hacia aproximadamente casi un año, tuve la oportunidad de asistir a una clase maestra de mediación de conflictos. Lo había estudiado en la teoría, pero ver a Bubacar, el coordinador de nuestra contraparte ECAS-D, mediar el conflicto que existía entre el Administrador de la región de Can Chungo, y la asociación de mujeres de la Cantera, fue una clase magistral. El administrador de la región quería expulsar a la asociación de mujeres de la cantera, anteponiendo que estaban dañando y erosionando totalmente la parte de la costa del río, y que ante el cambio climático y la subida de las aguas mundial (según él inminente) esto era muy peligroso. Detrás de estas excusas, algunas mujeres nos comentaron que parecía ser que había algunos extranjeros interesados en comprar esas tierras al lado del río, pero que aún no se había llegado a nada concreto. Durante la reunión entre el administrador, la asociación de mujeres de la cantera y la mediación de Bubacar, se llegó al acuerdo que las mujeres se retirarían de la parte más cercana al río, y así desaparecería el peligro de erosionar demasiado la costa.
A veces, cuando vas a visitar un proyecto, te encuentras con problemáticas que se extienden mucho más allá de este. Y esta vez, al visitar de nuevo la escuela-jardín, nos encontramos con un paisaje desolador: el administrador, hacía pocas semanas y aprovechando que las mujeres se habían marchado para trabajar en la campaña de recogida de cajú (anacardo) durante tres meses, había aprovechado para echarlas de nuevo de la Cantera. Pero esta vez lo había hecho definitivo: montones de basura se esparcían por todos los recovecos de la cantera, imposibilitando así, o haciendo extremadamente dura, la vuelta de las mujeres.
Fotos de nuestra visita hace un año
Fotos de nuestra visita hace unos pocos días
Aquí me di cuenta de algo, que puede ocurrir en todo el mundo, pero que se hace tan tangible en África y en Guinea-Bissau: el increíble poder que pueden ostentar en sus manos unos pocos hombres corruptos, y lo terrible que es pensar que muchas vidas dependen de los antojos de estos.
Dice Chema Caballero, un hombre que lleva trabajando hace más de 20 años en Sierra Leona: “La mujer siempre ha sido la espina dorsal de África. Es ella la que más sufre en los conflictos y en la pobreza, pero también es ella la que muestra más resiliencia, vitalidad y ganas de seguir luchando para sacar adelante a sus hijos y a su familia.”
 La vida de las mujeres de la Cantera es extremadamente dura: son sobre todo mujeres viudas o sin marido que sacan adelante a sus familias picando piedra, picando hasta que las piedras grandes se vuelven más pequeñitas, a veces tan solo con una barra pequeñita de metal. Son mujeres que las ves con cuerpos endurecidos por el trabajo y por el sol, pero orgullosas de quiénes son y de lo que hacen. Yo pensaba que era un pequeño éxito haberles podido apoyar en su vida diaria el crear una escuela-jardín, justo al lado de la cantera, para que pudiesen dejar allí a sus hijos, pero ahora veo con más claridad cómo aquí se tiene que luchar constantemente por mejorar las vidas de las personas.

“Por eso yo creo que es imprescindible, en cualquier proyecto de desarrollo, dar poder a las mujeres apoyando las iniciativas que surjan de ellas. Y, como siempre, hay que atraer y dar oportunidades a las que menos tienen y a las más discriminadas, para que su toma de conciencia sea un revulsivo más que ayude a cambiar la situación en la que viven” (Chema Caballero, en “Los hombres Leopardo de están extinguiendo”, pág. 182).

lunes, 9 de mayo de 2011

Gracias

África. Tan lejos y tan cerca. Y tan lejos se hace el venir aquí, aunque cuando llegas, la sientes tan cercana.
Y el volver a Africa, a Guinea Bissau en este caso (aunque puedan compartir miles de detalles con otros pueblos y regiones), significa para mi vida volver a los proyectos que llevamos en Bafatá, con ECAS-D, con mis compañeras de trabajo y de casa, volver al polvo, al agua que hay que cojerla en caneco para lavarte la cara, volver al calor, y a las caras sonrientes y a las expresiones que adoro del criol guineense. Y esta vez vuelvo sólo después de dos semanas de estar fuera, pero que se hicieron tan intensas que parecieron dos meses.
Y vuelvo llena de regalos. Llena de pequeños momentos con todos vosotros, mis amigos. Estos los guardo como tesoros, y pienso que qué valioso ha sido ir correteando de un sitio a otro, para compartir un tiempo precioso, preciosas dos horas con algunos, otras más con otros, que se estiraban, intensificadas por  los 6 meses pasados desde la última vez que compartíamos un café, una cerveza, un sentarse frente al otro.
E intensificadas por ese de repente estar ahí, por compartir un “como estás”, pero verdadero, verdadero, y no sólo superficial. Por eso os quería dar las gracias por compartir esos momentos, que yo meto en la maleta de mi corazón...
Gracias Ariadna, gracias Anahí, gracias Melina, gracias Xavi, gracias Marta, gracias Bárbara, gracias Angy, Aurora, Judith, Belén, Eli, Nuria, y especialmente Diana, , gracias Kasha, gracias Diego, gracias Jordi, y gracias Oscar. Gracias familia querida.
Me vuelvo con la maleta llena, con vuestras sonrisas, abrazos e historias, historias que no suelto... y esperando el próximo encuentro...
también con la sonrisa ancha para también reencontrar a mis amigos de aquí, y con grandes fuerzas renovadas ante el polvo y las dificultades que a veces conlleva el estar aquí! y vivir, simplemente vivir... que es una gran aventura!!!







jueves, 17 de marzo de 2011

El 5 de Diciembre es el Día Internacional del Voluntariado. En este diciembre pasado, los UN Volunteers decidieron que en Bafatá iban a trabajar con las asociaciones de jóvenes, como ya se había iniciado el año anterior. Así que organizamos con ellos actividades de sensibilización, teatro en espacios públicos, varios eventos con música y también pintura en varios muros de Bafatá con unos diseños que representaban el tema de la campaña: evitar la bolsa de plástico para proteger el medioambiente.

El artista "local" pintó fielmente el diseño de dibujo que le habían pasado desde UN Volunteer, en un muro que sirve de fondo para el escenario del Parque de Boma, espacio privilegiado de Bafatá, y donde se representaron los actos centrales del 5 de Diciembre pasado.

Pintura de la campaña de sensibilización de los UN Volunteer

El otro día pasamos por allí de nuevo con un amigo de una asociación juvenil. ¿Y que descubrí? bueno, primero que a los guineenses, también les gusta hacer grafittis (de los cutres que se encuentran por todos lados... de esos que escriben su nombre en todas partes) y segundo, que los chiquillos (o no tan chiquillos) que habían escrito sus nombres encima de la pintura, también habían readaptado el dibujo a la realidad local. Vamos, que habían pintado la cara del personaje, ¿de qué color? ¡pues de negro, claro! ;D

sábado, 5 de marzo de 2011

Monografía de Giovanni

Al poco de llegar a Bafatá recuerdo muy bien que me explicaron una historia sobre la que tuvimos interesantes discusiones: había un hombre italiano que desde hacía unos cuantos años vivía en el sur, y se había integrado de tal forma que había llegado a aprender la lengua balanta, vivía en una tabanka (comunidad) y se había realizado el fanado, o ritual de circuncisión, que es el ritual de paso de muchas etnias guineenses para entrar en la edad adulta.
La discusión surge entonces en el momento que te planteas hasta qué punto es posible “nuestra” integración en la vida africana. Y digo “nuestra” para referirme a esta comunidad blanca bastante mayoritaria en Bissau pero aún reducida en las regiones, que vive y convive con los guineenses. En la mayoría de los casos, esta comunidad blanca sigue llevando una vida que podría llegar a tener en su país de origen, con la diferencia que el fin de semana puede ir a la playa o escaparse a ver chimpancés. En otros casos, hay los que pretenden llevar una vida más “auténtica” y rehúyen de esta vida de “blancos”, despreciando lo que está alrededor de ella… (El otro día conocí un caso curioso: dos europeos que venían viajando desde Marruecos a dedo,… plantaron su tienda en el jardín y cuando les ofrecí el baño para que se ducharan dijeron que cómo sabían que estaban en África prescindían de lavarse. Ante eso les contesté que nuestros compañeros de casa guineenses a veces se duchaban hasta 3 veces al día…).
Entonces ¿Hasta qué punto nos podemos “integrar” en la vida cotidiana guineense, en una comunidad o en una etnia? (siempre y cuando esa sea nuestra intención, claro está)… Podemos tener amigos guineenses, podemos llegar a vivir en un barrio popular con ciertas medidas de protección (por el momento, problemas de seguridad aún no hay en este país), podemos llegar a establecernos en una tabanka si queremos y tener namorado o namorada guineense. Podemos aprender el criol, que es medianamente fácil por su parecido con el portugués, y podemos llegar a aprender las lenguas vernáculas, mandinga, fula, balanta u otras…
Si tomamos las consideraciones que hace la ciencia Antropológica para realizar sus etnografías, esta nos dice que una inmersión total siempre es necesaria para el conocimiento de otra cultura. Pero que a pesar de utilizar  la “observación participante”, nunca debemos olvidar ese posterior distanciamiento, esa reflexión ulterior. Para esta reflexión, nuestro punto de partida siempre será nuestro posicionamiento cultural, a partir de los valores y categorías que aprendemos desde niños (aunque en Antropología se intentan utilizar métodos sistemáticos comparativos para huir, evitar, ese resbaladizo relativismo… desde donde analizamos lo analizado, que condiciona las conclusiones ulteriores… pero esa ya es otra discusión).
Volviendo a lo anterior y en resumen: que por mucho que estudiemos una comunidad, o por mucho que nos consideren “balantas” o “x”, nunca podremos escapar a nuestro pasado de blancos, porque está ahí, por muchas ceremonias que realicemos, y muchas lenguas exóticas que hablemos. Pero a pesar de esto,… aún persiste el interrogante: integrarnos en una comunidad, ¿por qué no? Siempre y cuando sabiendo que es de otro lugar de donde partimos…
El fin de semana pasado descendí por primera vez hacia el sur de Guinea Bissau… las palmeras y ese olor a mato nos fueron recibiendo por el camino. Y en nuestro destino final,  Catió, felizmente conocimos a Giovanni, el “hombre” del que me habían contado aquella historia del fanado balanta.
¿Y qué pasó? Mi lado antropológico se vio totalmente frustrado, pues encontré a un chico de 28 años, que realmente se emocionaba por tener compañía europea, que vivía siempre al cobijo de la Misión Católica del lugar, y que nos recibía con total hospitalidad. Pero mi lado humano,… mi lado humano se enterneció también totalmente. Giovanni nos acompañó para visitar el pueblo, disfrutamos de su compañía y nos insistió para que al día siguiente fuésemos a visitar su gran proyecto: una huerta que habían iniciado los padres de la Misión y que ahora él estaba trabajando con los xiquillos del lugar y algunas mujeres, para producir vegetales, que son de vital importancia para diversificar la nutrición de la dieta guineense. Cuando llegó el momento de la partida, nos ofreció algo que había guardado con especial cariño: todos los elementos necesarios para hacer una pasta a la carbonnara, incluido un queso que le había enviado su madre desde Italia…
Emocionados por su hospitalidad, nos dirigimos de nuevo hacia el norte, ya no con la imagen borrosa del hombre-fanado, sino con el recuerdo de un Giovanni tierno y hospitalario, que había conseguido integrarse después de unos cuantos años en la etnia balanta, y que vivía sin dar de espaldas al mundo “blanco”, sino con su cobijo y herramientas, y que, además, estaba desarrollando un proyecto que tal vez en Italia no habría sido más que un simple huerto hecho en sus horas libres, pero que aquí constituye un espacio de formación, iniciativa y producción de alimentos para un comercio y un consumo más diversificado y nutritivo.  Vamos, para hacer algo bueno en el espacio y con la gente con la que convive.
Gracias Giovanni, por mostrarnos una forma de cómo podemos integrar los dos mundos. ¡Gracias! J

miércoles, 16 de febrero de 2011

La constancia

“Hacía tiempo que no conocía a una persona tan bella como tú, no por fuera, sino por dentro”.
Palabras vacuas, vacuas porque no tienen constancia. Creo que el valor que más admiro en las personas, y que más intento cumplir yo misma, es el de la constancia. De qué sirve prometer mil cosas, proyectar mil cosas, imaginar, soñar… ¿si al final luego de eso nada llega a término? Y con esto no estoy negando la imaginación, la fantasía del proyectar cosas… eso es gran parte de la vida, ya que la felicidad de esta se nutre de los placeres más simples y de las grandes emociones que se cumplirán o no se cumplirán.
Pero qué vale decir con tus amigos iremos a tal sitio en verano, o el fin de semana, si luego no vas y te quedas a la espera de esas palabras, qué vale decir te quiero cuando es algo tan efímero que en cuestión de dos semanas desaparece el sentido de esas palabras en su boca, que vale ver las necesidades de las personas, de una comunidad, de un hospital por ejemplo, y luego no llevar a buen término esa serie de cosas…?
Es por esto que me siento terriblemente satisfecha al pensar que he llevado a buen puerto a una gran nave que estaba anclada en medio del mar, o más bien una luz que estaba anclada en las estrellas, que con ayuda de varios amigos, de varias fuerzas, conseguimos desbloquear y llevar hasta el hospital, ese hospital donde ahora se reúnen la mayoría de mis esfuerzos. Lo llevamos, y hace 3 días cerramos ese ciclo al inaugurarlo, conjuntamente con todos los participantes.
El momento en el que me sentí más feliz, fue cuando pude decir de cierta forma “gracias”. “Gracias” a esas personas que trabajan cada día allí, que trabajan en unas condiciones tan duras, pero que continúan con su perseverancia para salvar vidas, para que las mujeres puedan dar a luz guineenses de ojos bondadosos y corazón hospitalario.
Yo puse todos mis esfuerzos y mi constancia en llevarles la luz, ahora que ya la tienen, que continúe brillando para que mi camino no se desvíe, para que mi constancia siga trabajando en ese sentido del camino.
Minuto 15 :)

viernes, 4 de febrero de 2011

Oda a un doctor

En este mismo hospital donde a veces no hay quartem, donde a veces no hay quinina y en como canta la canción de Juan Luis Guerra …“No me digan que los médicos se fueron,… ooohh… no me digan que no tienen anestesia,…ooohhh…  no me digan que el alcohol se lo bebieron,…ooohhh…  y que el hilo de coser fue bordado en un mantel…Que los rayos X se fundieron,…oohhh… y que el suero ya se usó… para endulzar el café…”
Hay un doctor, el Dr Vitorino, director del Hospital, que lucha porque cada día las cosas vayan mejor. Es el único doctor del hospital (de los 3 que hay) que hace pequeñas cirugías, y cesáreas.
Trabaja por la mañana y por la noche, pero su teléfono está encendido a todas horas por si le llaman para urgencias o para cosas de gestión. Hoy estaba esperándole para tener una pequeña reunión con él y hablar de los proyectos de Intercanvi en el Hospital, mientras que él se peleaba para que la señora de la limpieza desinfectara bien la sala después de un parto.
Pero esos son los pequeños detalles. En un país con un estado fallido, con una estructura gubernamental que depende de la ayuda externa para mantener los salarios de sus ministros a final de mes y con unos ministerios que lo único que aportan a las regiones es el salario de su personal (y menos mal que lo aportan, porque en el pasado no fue asegurado, llegando a estar los funcionarios 10 meses sin cobrar), nos encontramos con un hospital de referencia para las 200.000 personas que habitan la región, el Hospital de Bafatá, que de título es un hospital público, pero que en la práctica, es un hospital auto-gestionado. Auto-gestionado, porque depende de los ingresos que hay a través de las consultas para pagar a las 10 personas que tiene contratadas a parte (como el conductor de la ambulancia, el guarda, el jardinero, alguna señora de la limpieza más…) o para reparar desgastes que todo edificio tiene. Las consultas se vuelven abundantes en la época de lluvias, época de la malaria, y se vuelven menos abundantes de la época seca. Así que ahorran en una época para llegar a la otra.
De repente aparece una normativa ministerial que decide que todo el dinero de los hospitales regionales tiene que ir directamente al Ministerio de salud, a parte de un 10% que se queda para la Dirección regional de salud. Yo me lo imagino como en las pelis: llega un hombre vestido de negro con maletín, llega hasta la caja donde guardan el dinero, se lo mete todo en su maletín, y se vuelve al ministerio en la capital. La realidad debió de ser más o menos así, lo único en que el hombre es negro (y no sólo va vestido de negro), la caja es una pequeña caja que está en el despacho del director, y el maletín puede que haya sido una bolsa de plástico. Pero lo que más duele, es que ese dinero se había estado ahorrando desde el 2007, y el director no puede impedirlo porque se encontraba fuera para una formación.
¿Qué hace entonces Vitorino? Tienen una reunión con el Ministro, y Vitorino simplemente se niega a dar más dinero al final de cada mes, hasta que le llegue una carta de la normativa ministerial específica, y de cómo van a ser los procedimientos a partir de ahora, si es que por ejemplo, el hospital necesita de dinero para reparaciones.
Y desde hace 6 meses que Vitorino se niega, y gracias a ello, se han podido reparar los baños del Hospital, se les dio una pequeña paga extra a todos los trabajadores del Hospital de 15.000 francos al final del año (23 euros), y varias mujeres, que no se lo habrían podido costear, han parido a través de cesáreas. Porque aquí el paciente lo paga todo, hasta la jeringuilla con la que le van a introducir la anestesia, si es que hay.
Por esto, puede haber miles de historias como la de la mamá que después de muerta dejó a su hija de 8 años al cargo del resto de sus hermanos, o la de familias que simplemente no llevan ni a sus hijos ni a las madres al hospital cuando están enfermos, o como las de las rupturas de stock del quartem o la quinina en los hospitales de referencia. Pero mientras haya doctores, mientras haya personas, como el Dr. Vitorino, para mi vale la pena trabajar.  Vale la pena pensar que hay salidas. Y las hay.

martes, 1 de febrero de 2011

Durezas

En Guiné suceden cosas fuera de lo que nosotros consideraríamos “normal”. Y aparece como “surreal” que, por ejemplo, haya hospitales en que haya épocas en que no se encuentre quartem, la medicina básica para prevenir la malaria, enfermedad por la que mueren muchísimos niños durante la época de lluvias y después de esta, cuando abundan los mosquitos, que es el vector transmisor de la enfermedad.
Hace poco tiempo me escribió una mujer española que colabora con una ONG que actúa en una comunidad cercana a Bafatá. Me comentaba en su carta que estaba alarmada porque no había quartem en el Hospital de Bafatá. Yo me tomé un poco su mal a la ligera, pensando que habría hablado con su contacto guineense y este le habría exagerado la situación para que le enviase más dinero o algo así. Pero no, y no sólo no había en el Hospital de Bafatá, sino que tampoco había en el Hospital central de Bissau, la capital. Y lo más grave es que tampoco había quinina, sustancia con la que finalmente atacan cuando ya no hay otro remedio para combatir la malaria en los cuerpos debilitados por la enfermedad.
¿Cómo puede haber ruptura de stock de algo tan básico en el hospital de referencia de la capital del país, y al mismo tiempo en el hospital de referencia de toda la región de Bafatá, con más de 200.000 personas?
Lo más grave de la cuestión es que esto sucede a menudo, y no les extraña a los médicos ni a los trabajadores del hospital… La mujer española me preguntaba si había otro sitio donde conseguirlo. La respuesta: en las farmacias que regentan mayoritariamente mauritanos (curioso, pero casi todos los comercios son propiedad de extranjeros, mauritanos, nigerianos, chinos…) y en la que el precio del quartem se multiplica por 10.
Hoy paseaba por una de las calles de Bafatá, y me he encontrado con unos niños con las que acostumbraba a jugar mucho una compañera que ya se volvió para Europa hace unos meses. Ha pasado al mismo tiempo una conocida, y me ha comentado si ya sabía que la mamá de los niños había muerto. Ahora la hermana mayor, la que tiene que ser la encargada de sus hermanos, es una niña de 8 años, que apenas ha ido a la escuela. El bebé que hacía poco tiempo había nacido se lo ha llevado para cuidarlo la abuela, y le ha preguntado a la niña por el otro bebé ya más crecido.
-Está en la casa, está enfermo-, ha sido la respuesta. Y la mujer indignada, le ha explicado a la niña que le tenía que decir a su padre que debía llevarle al hospital, y que si no tenían dinero, que siempre lo podían pedir. Probablemente esa era la razón, pero ¿como van a llevar al hospital a un bebé (en una cultura donde se considera mucho más importante a la madre que a los hijos, porque es la que los cuida) cuando la madre de esos niños  murió de una simple diabetes? Simplemente, antes de ir al hospital, se fue a buscar el “menzinho da terra”, la medicina tradicional. Y enn el camino, murió.
Esperemos que, por lo menos, si finalmente llevan al bebé al hospital, no tenga malaria cuando haya ruptura de stock, en un país donde el índice de mortalidad infantil da escalofríos y en donde en los hospitales se pueden encontrar carteles de “Para no morir en el parto (siga las siguientes instrucciones)”.

domingo, 30 de enero de 2011

De las veleidades de la vida en las regiones de Guiné-Bissau

El mayor % de los “expatriados” –o “brancos”, como les llaman los guineenses– vive en la capital de Guinea Bissau, Bissau. Sólo unos pocos locos viven perdidos en las provincias, en ciudades pequeñas como Bafatá, Can Chungo, Ingoré u otros. Cuando uno de estos “brancos de provincia” viene a la capital, le preguntan cosas tipo conversación de compromiso, como “¿y continúas en Bafatá?”, a las que amablemente se les contesta que la mayoría de los proyectos de la ONG son en Bafatá, y que, por lo tanto, no hay otro lugar mejor en el que debería estar.
Cuando uno sale a la calle en Bafatá sale caminando (o, próximamente, en bicicleta), para comprar el pan, o algo que necesita para la comida, o para buscar saldo o ir a casa de un amigo… pero cualquier cosa se convierte en una aventura, como el simple hecho de comprar el pan: siempre te encuentras a alguien, alguien sonriente, que te silba, o que grita tu nombre o viene directamente a tu encuentro. Los únicos dos sitios donde pensaba que no se convertirían nunca en conocidos amigables –el mini-mercado y el barcito donde acostumbramos por la noche a comprar a veces el famoso “sándwich de ovo” bafatense–, se han convertido incluso en amigos, y una sonrisa siempre está a tu espera cuando les diriges el saludo mañanero.
No sé si será que en todas las grandes ciudades las sonrisas se agrian y se convierten en mutis silenciosos o malhumorados, pero en el único sitio de toda Guiné-Bissau donde me he encontrado con gente malhumorada es en Bissau. Los niños de Bafatá que corretean detrás de ti gritando “branco, branco!” se convierten en niños que te piden algo gritando “pati’m 1000 francs!” y el salir a la calle se convierte en coger el coche para desplazarse a cualquier lado, entrando en un caótico y polvoroso tráfico, y encontrarse con gente que no te espera o que simplemente no está allí.
A pesar de esto, aún se encuentran caras amigables, y amigos que te ayudan a sortear la odisea de dificultades en que se convierte conseguir cualquier cosa (no digamos si se trata de un vidrio del coche, o de un cable que se necesita para la impresora) y que alivian el alma cuando inicio el camino, casi semanal, de Bafatá hacia Bissau, entre campos de cultivo, extensiones de árboles y palmeras, aldeas, ... casas de paja perdidas en la frondosidad... Y cerdos, gallinas y algún corderillo que se mete despistado por la carretera y hace ralentizar la marcha, para que no olvides que, en las regiones, aún no ha llegado ni la prisa, ni las caras malhumoradas.

jueves, 27 de enero de 2011

La partida

-Todo tiene un principio y un fin-
Dice Dafé a Susana, dos días antes de partir ella.
Susana se queda parada.

Pregunta: ¿Hay algo que tenga inicio pero que no tenga fin?

¿Hay algo que tenga inicio pero que no tenga fin... ? Inmediatamente nuestra mente se va hacia ideas trascendentes, Dios, la Creación, el Ser Humano,... (pero si uno cree en Dios, entonces este no puede tener inicio, -sino antes qué leches había-, si uno piensa en el Ser Humano, también puede aparecer rápidamente nuestra idea sobre la extinción..., pero no nos pongamos apocalípticos)

Pero la respuesta no se encontraba en discusiones fílosóficas. La respuesta, era simple, no se quién la encontró, pero era la que necesitaba oir Susana, Dafé y todos nosotros antes de la hora de la partida...

- ¿Algo que tiene inicio y que no tiene fin? ...
                                                                   .... la amistad ...
:)