domingo, 30 de enero de 2011

De las veleidades de la vida en las regiones de Guiné-Bissau

El mayor % de los “expatriados” –o “brancos”, como les llaman los guineenses– vive en la capital de Guinea Bissau, Bissau. Sólo unos pocos locos viven perdidos en las provincias, en ciudades pequeñas como Bafatá, Can Chungo, Ingoré u otros. Cuando uno de estos “brancos de provincia” viene a la capital, le preguntan cosas tipo conversación de compromiso, como “¿y continúas en Bafatá?”, a las que amablemente se les contesta que la mayoría de los proyectos de la ONG son en Bafatá, y que, por lo tanto, no hay otro lugar mejor en el que debería estar.
Cuando uno sale a la calle en Bafatá sale caminando (o, próximamente, en bicicleta), para comprar el pan, o algo que necesita para la comida, o para buscar saldo o ir a casa de un amigo… pero cualquier cosa se convierte en una aventura, como el simple hecho de comprar el pan: siempre te encuentras a alguien, alguien sonriente, que te silba, o que grita tu nombre o viene directamente a tu encuentro. Los únicos dos sitios donde pensaba que no se convertirían nunca en conocidos amigables –el mini-mercado y el barcito donde acostumbramos por la noche a comprar a veces el famoso “sándwich de ovo” bafatense–, se han convertido incluso en amigos, y una sonrisa siempre está a tu espera cuando les diriges el saludo mañanero.
No sé si será que en todas las grandes ciudades las sonrisas se agrian y se convierten en mutis silenciosos o malhumorados, pero en el único sitio de toda Guiné-Bissau donde me he encontrado con gente malhumorada es en Bissau. Los niños de Bafatá que corretean detrás de ti gritando “branco, branco!” se convierten en niños que te piden algo gritando “pati’m 1000 francs!” y el salir a la calle se convierte en coger el coche para desplazarse a cualquier lado, entrando en un caótico y polvoroso tráfico, y encontrarse con gente que no te espera o que simplemente no está allí.
A pesar de esto, aún se encuentran caras amigables, y amigos que te ayudan a sortear la odisea de dificultades en que se convierte conseguir cualquier cosa (no digamos si se trata de un vidrio del coche, o de un cable que se necesita para la impresora) y que alivian el alma cuando inicio el camino, casi semanal, de Bafatá hacia Bissau, entre campos de cultivo, extensiones de árboles y palmeras, aldeas, ... casas de paja perdidas en la frondosidad... Y cerdos, gallinas y algún corderillo que se mete despistado por la carretera y hace ralentizar la marcha, para que no olvides que, en las regiones, aún no ha llegado ni la prisa, ni las caras malhumoradas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario