martes, 1 de febrero de 2011

Durezas

En Guiné suceden cosas fuera de lo que nosotros consideraríamos “normal”. Y aparece como “surreal” que, por ejemplo, haya hospitales en que haya épocas en que no se encuentre quartem, la medicina básica para prevenir la malaria, enfermedad por la que mueren muchísimos niños durante la época de lluvias y después de esta, cuando abundan los mosquitos, que es el vector transmisor de la enfermedad.
Hace poco tiempo me escribió una mujer española que colabora con una ONG que actúa en una comunidad cercana a Bafatá. Me comentaba en su carta que estaba alarmada porque no había quartem en el Hospital de Bafatá. Yo me tomé un poco su mal a la ligera, pensando que habría hablado con su contacto guineense y este le habría exagerado la situación para que le enviase más dinero o algo así. Pero no, y no sólo no había en el Hospital de Bafatá, sino que tampoco había en el Hospital central de Bissau, la capital. Y lo más grave es que tampoco había quinina, sustancia con la que finalmente atacan cuando ya no hay otro remedio para combatir la malaria en los cuerpos debilitados por la enfermedad.
¿Cómo puede haber ruptura de stock de algo tan básico en el hospital de referencia de la capital del país, y al mismo tiempo en el hospital de referencia de toda la región de Bafatá, con más de 200.000 personas?
Lo más grave de la cuestión es que esto sucede a menudo, y no les extraña a los médicos ni a los trabajadores del hospital… La mujer española me preguntaba si había otro sitio donde conseguirlo. La respuesta: en las farmacias que regentan mayoritariamente mauritanos (curioso, pero casi todos los comercios son propiedad de extranjeros, mauritanos, nigerianos, chinos…) y en la que el precio del quartem se multiplica por 10.
Hoy paseaba por una de las calles de Bafatá, y me he encontrado con unos niños con las que acostumbraba a jugar mucho una compañera que ya se volvió para Europa hace unos meses. Ha pasado al mismo tiempo una conocida, y me ha comentado si ya sabía que la mamá de los niños había muerto. Ahora la hermana mayor, la que tiene que ser la encargada de sus hermanos, es una niña de 8 años, que apenas ha ido a la escuela. El bebé que hacía poco tiempo había nacido se lo ha llevado para cuidarlo la abuela, y le ha preguntado a la niña por el otro bebé ya más crecido.
-Está en la casa, está enfermo-, ha sido la respuesta. Y la mujer indignada, le ha explicado a la niña que le tenía que decir a su padre que debía llevarle al hospital, y que si no tenían dinero, que siempre lo podían pedir. Probablemente esa era la razón, pero ¿como van a llevar al hospital a un bebé (en una cultura donde se considera mucho más importante a la madre que a los hijos, porque es la que los cuida) cuando la madre de esos niños  murió de una simple diabetes? Simplemente, antes de ir al hospital, se fue a buscar el “menzinho da terra”, la medicina tradicional. Y enn el camino, murió.
Esperemos que, por lo menos, si finalmente llevan al bebé al hospital, no tenga malaria cuando haya ruptura de stock, en un país donde el índice de mortalidad infantil da escalofríos y en donde en los hospitales se pueden encontrar carteles de “Para no morir en el parto (siga las siguientes instrucciones)”.

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