En este mismo hospital donde a veces no hay quartem, donde a veces no hay quinina y en como canta la canción de Juan Luis Guerra …“No me digan que los médicos se fueron,… ooohh… no me digan que no tienen anestesia,…ooohhh… no me digan que el alcohol se lo bebieron,…ooohhh… y que el hilo de coser fue bordado en un mantel…Que los rayos X se fundieron,…oohhh… y que el suero ya se usó… para endulzar el café…”
Hay un doctor, el Dr Vitorino, director del Hospital, que lucha porque cada día las cosas vayan mejor. Es el único doctor del hospital (de los 3 que hay) que hace pequeñas cirugías, y cesáreas.
Trabaja por la mañana y por la noche, pero su teléfono está encendido a todas horas por si le llaman para urgencias o para cosas de gestión. Hoy estaba esperándole para tener una pequeña reunión con él y hablar de los proyectos de Intercanvi en el Hospital, mientras que él se peleaba para que la señora de la limpieza desinfectara bien la sala después de un parto.
Pero esos son los pequeños detalles. En un país con un estado fallido, con una estructura gubernamental que depende de la ayuda externa para mantener los salarios de sus ministros a final de mes y con unos ministerios que lo único que aportan a las regiones es el salario de su personal (y menos mal que lo aportan, porque en el pasado no fue asegurado, llegando a estar los funcionarios 10 meses sin cobrar), nos encontramos con un hospital de referencia para las 200.000 personas que habitan la región, el Hospital de Bafatá, que de título es un hospital público, pero que en la práctica, es un hospital auto-gestionado. Auto-gestionado, porque depende de los ingresos que hay a través de las consultas para pagar a las 10 personas que tiene contratadas a parte (como el conductor de la ambulancia, el guarda, el jardinero, alguna señora de la limpieza más…) o para reparar desgastes que todo edificio tiene. Las consultas se vuelven abundantes en la época de lluvias, época de la malaria, y se vuelven menos abundantes de la época seca. Así que ahorran en una época para llegar a la otra.
De repente aparece una normativa ministerial que decide que todo el dinero de los hospitales regionales tiene que ir directamente al Ministerio de salud, a parte de un 10% que se queda para la Dirección regional de salud. Yo me lo imagino como en las pelis: llega un hombre vestido de negro con maletín, llega hasta la caja donde guardan el dinero, se lo mete todo en su maletín, y se vuelve al ministerio en la capital. La realidad debió de ser más o menos así, lo único en que el hombre es negro (y no sólo va vestido de negro), la caja es una pequeña caja que está en el despacho del director, y el maletín puede que haya sido una bolsa de plástico. Pero lo que más duele, es que ese dinero se había estado ahorrando desde el 2007, y el director no puede impedirlo porque se encontraba fuera para una formación.
¿Qué hace entonces Vitorino? Tienen una reunión con el Ministro, y Vitorino simplemente se niega a dar más dinero al final de cada mes, hasta que le llegue una carta de la normativa ministerial específica, y de cómo van a ser los procedimientos a partir de ahora, si es que por ejemplo, el hospital necesita de dinero para reparaciones.
Y desde hace 6 meses que Vitorino se niega, y gracias a ello, se han podido reparar los baños del Hospital, se les dio una pequeña paga extra a todos los trabajadores del Hospital de 15.000 francos al final del año (23 euros), y varias mujeres, que no se lo habrían podido costear, han parido a través de cesáreas. Porque aquí el paciente lo paga todo, hasta la jeringuilla con la que le van a introducir la anestesia, si es que hay.
Por esto, puede haber miles de historias como la de la mamá que después de muerta dejó a su hija de 8 años al cargo del resto de sus hermanos, o la de familias que simplemente no llevan ni a sus hijos ni a las madres al hospital cuando están enfermos, o como las de las rupturas de stock del quartem o la quinina en los hospitales de referencia. Pero mientras haya doctores, mientras haya personas, como el Dr. Vitorino, para mi vale la pena trabajar. Vale la pena pensar que hay salidas. Y las hay.
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