La última vez que habíamos visitado la escuela-jardín, hacia aproximadamente casi un año, tuve la oportunidad de asistir a una clase maestra de mediación de conflictos. Lo había estudiado en la teoría, pero ver a Bubacar, el coordinador de nuestra contraparte ECAS-D, mediar el conflicto que existía entre el Administrador de la región de Can Chungo, y la asociación de mujeres de la Cantera, fue una clase magistral. El administrador de la región quería expulsar a la asociación de mujeres de la cantera, anteponiendo que estaban dañando y erosionando totalmente la parte de la costa del río, y que ante el cambio climático y la subida de las aguas mundial (según él inminente) esto era muy peligroso. Detrás de estas excusas, algunas mujeres nos comentaron que parecía ser que había algunos extranjeros interesados en comprar esas tierras al lado del río, pero que aún no se había llegado a nada concreto. Durante la reunión entre el administrador, la asociación de mujeres de la cantera y la mediación de Bubacar, se llegó al acuerdo que las mujeres se retirarían de la parte más cercana al río, y así desaparecería el peligro de erosionar demasiado la costa.
A veces, cuando vas a visitar un proyecto, te encuentras con problemáticas que se extienden mucho más allá de este. Y esta vez, al visitar de nuevo la escuela-jardín, nos encontramos con un paisaje desolador: el administrador, hacía pocas semanas y aprovechando que las mujeres se habían marchado para trabajar en la campaña de recogida de cajú (anacardo) durante tres meses, había aprovechado para echarlas de nuevo de la Cantera. Pero esta vez lo había hecho definitivo: montones de basura se esparcían por todos los recovecos de la cantera, imposibilitando así, o haciendo extremadamente dura, la vuelta de las mujeres.
Fotos de nuestra visita hace un año
Fotos de nuestra visita hace unos pocos días
Aquí me di cuenta de algo, que puede ocurrir en todo el mundo, pero que se hace tan tangible en África y en Guinea-Bissau: el increíble poder que pueden ostentar en sus manos unos pocos hombres corruptos, y lo terrible que es pensar que muchas vidas dependen de los antojos de estos.
Dice Chema Caballero, un hombre que lleva trabajando hace más de 20 años en Sierra Leona: “La mujer siempre ha sido la espina dorsal de África. Es ella la que más sufre en los conflictos y en la pobreza, pero también es ella la que muestra más resiliencia, vitalidad y ganas de seguir luchando para sacar adelante a sus hijos y a su familia.”
“Por eso yo creo que es imprescindible, en cualquier proyecto de desarrollo, dar poder a las mujeres apoyando las iniciativas que surjan de ellas. Y, como siempre, hay que atraer y dar oportunidades a las que menos tienen y a las más discriminadas, para que su toma de conciencia sea un revulsivo más que ayude a cambiar la situación en la que viven” (Chema Caballero, en “Los hombres Leopardo de están extinguiendo”, pág. 182).