domingo, 2 de diciembre de 2012

Un techo digno para el trabajo de las mujeres


Hoy hemos visitado la isla de Bubaque, donde hace exactamente un año Samuel y yo estábamos viviendo durante un corto periodo de tiempo para llevar a cabo un diagnóstico sobre las necesidades de la población de esta isla de los Bijagós.
Hoy, 1 de diciembre del 2012, las mujeres han bailado y cantado, para celebrar que tras 20 años de intentos, por fin este año que viene su mercado va a ser construido. Será construido gracias a una financiación conseguida por Manitese, una ONG italiana donde trabaja Samuel que antes de la guerra civil en Guinea Bissau apoyaba ampliamente las islas Bijagós en salud, agua y saneamiento y mejora de las condiciones de la población.
En la reunión de presentación de la construcción del mercado, las mujeres que representaban a la asociación de mujeres del mercado y a la asociación de mujeres de Bubaque recordaban a Maria. Maria fue una señora que vivió en los años 90 en la isla, coordinando las acciones de Manitese. Han gritado, ¡Viva Maria! ¡Viva Maria! Recordando como ella escuchaba y apoyaba a las mujeres de la isla, y aunque durante su época su intento no consiguió dar fruto de construir el mercado debido a factores un poco tristes de explicar aquí, su empeño y compromiso perduró durante estos años en la memoria de las mujeres.


Y esto me muestra una vez más como los proyectos tienen que partir de las necesidades reales de la población, y que para que la cooperación tenga sentido y unos buenos resultados es tan y tan necesario sentarse con la gente, hablar de sus problemas, ver a todos los diferentes grupos que pueda haber y sopesar las diferentes posibilidades, pero lo más importante, quizás sobretodo en África… sentarse con las mujeres, porque son ellas quienes llevan la comida, los hijos, el agua, el cuidado básico, para adelante… en fin, la vida.

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Y ¿un mercado? ¿Tanto significa un mercado? En Guinea Bissau los centros de la vida de las poblaciones son los mercados (¿y donde no?). Hace dos días estaba en la ciudad de Gabú, segunda ciudad de Guinea Bissau, con un mercado en constante movimiento a causa de su cercanía con Guinea Conakry, lo que la convierte en un polo de comercio privilegiado. Pasamos por casualidad por el nuevo mercado, construido a unos 20 minutos a pie del centro de la ciudad: vacío, casi desolado. Con un par o tres de mujeres comerciantes en su interior, las paredes adornadas con azulejos para un buen mantenimiento de la limpieza lucían blancos debido a su falta de uso. ¿Y esto? Preguntaba a mi amigo Eupremio. Él me contaba que en la ciudad de Buba, la principal ciudad del sur de Guinea, era peor: un nuevo mercado grande y portentoso había sido construido a más de 5 kilómetros del centro de la ciudad, en el camino en dirección a otra ciudad.
Y África es así: te encuentras grandes inversiones, grandes proyectos, que luego se quedan vacíos y sin utilizar. Grandes infraestructuras como elefantes muertos en medio de la sabana. ¿Pero podríamos tildar de “desagradecidos” a los beneficiarios? Más bien podríamos preguntarnos si los que han traído los grandes proyectos se han preocupado en algún momento de sentarse con la gente para ver cuáles son sus necesidades reales, pues, a veces, los pequeños detalles lo son todo. ¿Qué es un nuevo mercado con todas las infraestructuras necesarias si no está localizado donde debía estar? Las mujeres seguirán debajo del sol y se escaparán corriendo cuando llegue la lluvia, para seguir vendiendo a los compradores del centro de la ciudad de Gabú o de Buba.
Pero las mujeres de Bubaque tendrán su mercado. Porque ellas veinte años atrás iniciaron su pedido y no cesaron en su empeño, incluso llegaron a colocar las primeras piedras, que transportaron sobre sus cabezas desde el puerto. Y ahora ha llegado su momento: un poco atrasado, pero en el lugar y en las condiciones donde ellas pidieron. Y yo grito: ¡viva las mujeres de Bubaque! 


lunes, 2 de julio de 2012

Vivir en Guinea Bissau


Vivir en Guinea Bissau a veces se hace duro, por las condiciones, por la lejanía de donde uno proviene… porque hacer la vida que  nosotros, los occidentales, consideramos como “normal” simplemente es difícil y hay que tirar del carro cada día. Dicen que en Senegal esto es también un poquitín así, pero que se junta que cuando te viene el fontanero para arreglarte por tercera vez el tubo del que se escapa el agua, hay que pelearse con él para conseguir un precio justo. En Guinea nunca encontraremos el precio justo al primer momento, pero con paciencia y amabilidad, en una conversación de ceder un poquito cada uno, llegaremos tranquilamente a un acuerdo y al final será nuestro fontanero amigo. Y al cabo de un tiempo tendremos un círculo de personas que harán nuestra vida más dulce.

Esta amable tranquilidad que flota en el aire guineense vuelve a impregnar mi vida, de nuevo, de vuelta en Guinea Bissau. Y como siempre que uno vuelve, trayendo más energías y más ganas de conocer espacios recónditos de este mundo que uno cree que conoce y no conoce, he vuelto a participar de nuevas historias que abren y nos ensanchan el espíritu.

Acompañando a mi pareja, hemos visitado el sur de Guinea para evaluar el progreso de un proyecto de apoyo a una Cooperativa de pesca en el área de Cacine. Unipesmarca es la cooperativa que une a asociaciones de hombres y mujeres pescadores de diferentes comunidades, y que apoya con equipamientos, formaciones y suministro de gas-oil y hielo (tan importante en Guinea) a los pescadores para que así puedan ampliar el círculo de la subsistencia para convertirlo en comercio intraestatal.

Apoyo a la pesca “artesanal”, que es la única que tienen los guineenses, que no pueden llegar a sus aguas oceánicas, repletas de barcos gigantescos provenientes de Europa, de China, de Japón, de Korea… que pagan sus cuotas al estado, siempre de diferentes formas, y que sacan toneladas de hermosos pescados y mariscos que se van para otras costas y otras bocas.

En Guinea, la forma tradicional de conservar el pescado es fumarlo. Queda seco y para el gusto de mi boca acostumbrada a la comida española, secamente asqueroso. Fuman los pequeños peces para consumir, y quizás también alguna cabeza de pescado grande, y el resto lo llevan a la capital y otras ciudades del país para venderlo.

¿Las reservas de pescado se estarán expoliando? No lo sabemos ni lo sabremos en poco tiempo. ¿Hay menos pescado ahora que antes? Los pescadores no lo saben, la respuesta es que su pesca ha aumentado gracias a las redes donadas por la Cooperativa, de la que están tan contentos. Sólo saben que hay más pescadores, pero de los grandes buques sólo ven la luz a lo lejos, en las noches claras sin luna.

Guinea Bissau, país en el que ya he vivido 3 golpes de estado, que no tiene ni ejército de marina ni de aire, y en el que los pescadores senegaleses y de Guinea Conakry vienen a capturar los pescados de aguas ricas y aún no explotadas. 


Pero lo importante es que las mujeres pescadoras están contentas. Bailamos y cantamos, agradeciendo a los extranjeros que apoyan la cooperativa, con las figuras rituales Nalús, en la tarde y en la noche, mezclándose con el ritmo de los tambores y el canto de las mujeres.

Durante esta visita de evaluación, su pedido para mejorar la cooperativa ha sido repetido de nuevo. El próximo paso será un pequeño camión para que ellas mismas puedan comercializar sus pescados fumados y no fumados a todas partes de Guinea. Y a seguir para adelante.