Vivir en Guinea Bissau a veces se hace duro, por las
condiciones, por la lejanía de donde uno proviene… porque hacer la vida
que nosotros, los occidentales,
consideramos como “normal” simplemente es difícil y hay que tirar del carro
cada día. Dicen que en Senegal esto es también un poquitín así, pero que se
junta que cuando te viene el fontanero para arreglarte por tercera vez el tubo
del que se escapa el agua, hay que pelearse con él para conseguir un precio
justo. En Guinea nunca encontraremos el precio justo al primer momento, pero
con paciencia y amabilidad, en una conversación de ceder un poquito cada uno,
llegaremos tranquilamente a un acuerdo y al final será nuestro fontanero amigo.
Y al cabo de un tiempo tendremos un círculo de personas que harán nuestra vida
más dulce.
Esta amable tranquilidad que flota en el aire guineense
vuelve a impregnar mi vida, de nuevo, de vuelta en Guinea Bissau. Y como
siempre que uno vuelve, trayendo más energías y más ganas de conocer espacios
recónditos de este mundo que uno cree que conoce y no conoce, he vuelto a participar
de nuevas historias que abren y nos ensanchan el espíritu.
Acompañando a mi pareja, hemos visitado el sur de Guinea
para evaluar el progreso de un proyecto de apoyo a una Cooperativa de pesca en
el área de Cacine. Unipesmarca es la cooperativa que une a asociaciones de
hombres y mujeres pescadores de diferentes comunidades, y que apoya con
equipamientos, formaciones y suministro de gas-oil y hielo (tan importante en
Guinea) a los pescadores para que así puedan ampliar el círculo de la
subsistencia para convertirlo en comercio intraestatal.
Apoyo a la pesca “artesanal”, que es la única que tienen los
guineenses, que no pueden llegar a sus aguas oceánicas, repletas de barcos gigantescos
provenientes de Europa, de China, de Japón, de Korea… que pagan sus cuotas al
estado, siempre de diferentes formas, y que sacan toneladas de hermosos
pescados y mariscos que se van para otras costas y otras bocas.
En Guinea, la forma tradicional de conservar el pescado es
fumarlo. Queda seco y para el gusto de mi boca acostumbrada a la comida
española, secamente asqueroso. Fuman los pequeños peces para consumir, y quizás
también alguna cabeza de pescado grande, y el resto lo llevan a la capital y
otras ciudades del país para venderlo.
¿Las reservas de pescado se estarán expoliando? No lo
sabemos ni lo sabremos en poco tiempo. ¿Hay menos pescado ahora que antes? Los
pescadores no lo saben, la respuesta es que su pesca ha aumentado gracias a las
redes donadas por la Cooperativa, de la que están tan contentos. Sólo saben que
hay más pescadores, pero de los grandes buques sólo ven la luz a lo lejos, en
las noches claras sin luna.
Guinea Bissau, país en el que ya he vivido 3 golpes de
estado, que no tiene ni ejército de marina ni de aire, y en el que los
pescadores senegaleses y de Guinea Conakry vienen a capturar los pescados de
aguas ricas y aún no explotadas.
Pero lo importante es que las mujeres pescadoras están
contentas. Bailamos y cantamos, agradeciendo a los extranjeros que apoyan la
cooperativa, con las figuras rituales Nalús, en la tarde y en la noche,
mezclándose con el ritmo de los tambores y el canto de las mujeres.
Durante esta visita de evaluación, su pedido para mejorar la
cooperativa ha sido repetido de nuevo. El próximo paso será un pequeño camión
para que ellas mismas puedan comercializar sus pescados fumados y no fumados a
todas partes de Guinea. Y a seguir para adelante.
¡Uy Raquel! nada más amable ni más cercano me he podido encontrar, por aquí, hoy. Me alegro de leerte, y de que me aportes más luces en mis interrogantes sobre esa tierra querida. Muy bonito, bloguera.Besinhjos
ResponderEliminarGracias, muchas gracias por la información brindada.
ResponderEliminarA ti por apreciarla :)
Eliminar