Dedicado a mi querida amiga Ariadna
Paseando por el “mato” del Parque Nacional de Cantanhez,
situado al sur de Bissau después de 6 horas de carretera, la mitad de alcatrán
y la otra mitad de tierra con baches que asustarían a más de alguno, nos
encontramos con decenas de diferentes especies de plantas, insectos, macacos y
árboles. El caminar en medio de tal biodiversidad le da a uno una especie de
serenidad interior que es acompañada por los ruidos de la selva, y que se
mezcla con una pequeña dosis de pavor por lo desconocido, que se esconde a
pocos metros más allá de esas lianas y hierbas entretejidas que vas dejando
atrás según caminas.
El mato de Cantanhez esconde aún monos de todo tipo,
gazelas, jabalís, lagartos enormes, y algunos cientos de chimpancés. El
proyecto que protege el parque sigue el rastro de incluso un grupo de elefantes
de 6 miembros, de los cuales sólo han visto las heces, y que intentan proteger
con un “corredor tranfronterizo” entre nuestra Guinea y la Guinea Conakry.
Un espacio casi virgen, de tantísimo valor y que ha
conseguido, gracias al esfuerzo de la ONG Acção
para o Desenvolvimento, mantenerse a salvo de la deforestación y la
desaparición de animales, que es la norma en la mayoría del territorio de
Guinea Bissau. Aunque los esfuerzos tienen que ser continuos: recientemente AD
denunció la tala de madera que están realizando los chinos en una zona situada
al norte del Parque, y que se sitúa muy cerca de este corredor transfronterizo.
Los chinos, que han iniciado hace poco más de un año estas actividades, están
amparados por un acuerdo con el gobierno de Guinea Bissau, y hay muchas otras
áreas del país de las que salen contenedores cargados de madera todas las
semanas.
El mato de Cantanhez acoge incluso a especies arbóreas
únicas en la subregiónde África oocidental, y cuando paseas por sus caminos te
muestra nuevos prodigios a cada paso. Una de las curiosidades con que nos
encontramos fue ésta, la planta “Figueira”.
Cuando una de las noches que dormíamos en las cabañas de
paja nos despertamos a causa del sonido en la distancia de un avión, me vino a
la mente esta planta, que habíamos estado observando durante la tarde. La
Figueira consigue convertirse en un árbol de gran envergadura uniéndose a una
palmera, donde se apoyará, crecerá, y echará sus raíces para levantarse hasta
llegar al cielo. Pero esta relación no será de simbiosis harmoniosa. La
Figueira seguirá creciendo sin respiro, hasta ahogar a la gran palmera, que se
secará y caerá hasta pudrirse. La Figueira seguirá en pie, pero poco después
también seguirá la misma suerte, por no tener fuerzas para sostenerse por sí
sola.
En Guinea Bissau sólo existe un aeropuerto operativo, que
acoge unos 6 vuelos por semana conectando Bissau con Dakar y Europa. La mayoría
de sus pasajeros son blancos que trabajan en los organismos internacionales de
cooperación y guineenses que viven en Portugal o en algún país vecino. El
pequeño avión que disturbaba nuestros sueños no transportaba a blancos, pero sí
a polvo blanco que realiza un trascurso mucho más complicado para llegar a
Europa, de forma sigilosa, en aeropuertos donde no hay poblaciones y que sólo
tienen controles aduaneros honorados por militares.
Al final ,y como en muchos otros países del mundo, en Guinea
Bissau, y más desde el golpe de estado del 12 de Abril del año pasado, los que
deciden, ganan, controlan y aplastan son los militares. Ellos han sido, son y
serán probablemente los que controlen el futuro (un futuro que se mantiene
siempre igual) de la población guineense. Se suben al sudor de sus hombros,
aprovechan su posición para echar raíces y llegan hasta el cielo para favorecer
la entrada del polvo blanco. Mientras tanto, el guineense sigue viviendo,
trabajando duramente para conseguir el sustento de la vida, se seca y cae ante
cualquier infortunio, y vuelve a caer, y vuelve a caer, y vuelve a caer…
Me gustaría ofrecer cómo ejemplo a los militares otro tipo de árbol: el poilão. Árbol sagrado para muchas etnias de Guinea, el Mato de Cantanhez envuelve a algunos de los ejemplares más grandiosos de Guinea Bissau, con raíces enormes, que ofrecen cobijo a quién busca casa. El Poilão ofrece su sombra para las reuniones de la comunidad, para los ritos de celebración, ofrece su madera para las canoas de los pescadores, y antiguamente sus flores vaporosas parecidas al algodón para las almohadas, las que acogen los sueños por la noche. Señor militar, siéntese en sus poderosas raíces, y proteja estas flores blancas algodonadas, proteja su madera, y proteja a la comunidad que viene a reunirse con usted, para iniciar la charla debajo de la sombra fresca.