miércoles, 3 de diciembre de 2014

Agua, fuente de la vida




Una de las palabras que uno aprende más rápidamente en Guiné-Bissau es la expresión “pati’m”, que significa “ofréceme”. Es bastante necesario aprenderla, pues cuando la gente pasa por la casa de uno y después de saludarte te dicen “pati’m yagu” uno tiene que entender que le están diciendo. Ahí quedan reflejadas dos de las grandes necesidades de Guiné-Bissau, el “pati’m”, ya que es una sociedad fuertemente necesitada donde la solidaridad se encuentra en casi todas las puertas, y el “yagu” o “agua”, porque al no existir un sistema público de distribución del agua potable en el país, es una de las necesidades más básicas y más acuciantes. Así que cuando uno inicia un viaje, un camino o un paseo, siempre espera que en la puerta que le reciban le vayan a ofrecer agua, para reposar un poco bajo una sombra y retomar fuerzas para continuar el camino bajo el duro calor de gran parte del año.

Recuerdo al inicio de mi estancia en Bafatá, cuando las personas pasaban por la casa para buscar o vender algo y después de los saludos rituales te pedían agua. El agua era también un bien escaso en nuestra casa, ya que no teníamos agua corriente y la teníamos que traer en barreños de la fuente, así que normalmente me molestaba y después a regañadientes les ofrecía un poco de agua, preguntándome qué quería esa persona que se sentaba allí a las anchas cuando yo tenía tantas cosas que hacer.

Al poco tiempo eso cambió y empecé a chapurrear el crioulo, gracias a las clases de mi gran amigo Dafé, y los velos de la cultura guineense se empezaron a aclarar poco a poco, para entenderlos, respetarlos y después también amarlos.
Cinco años más tarde me encuentro viviendo en Kenya, en la que según dicen es la cuarta ciudad más grande del país y que crece con más rapidez. Aquí las puertas no se encuentran abiertas para pedir agua, y aunque este es uno de los grandes problemas a los que también se enfrenta la sociedad kenyata, el frío hace que cuando se ofrece algo al visitante sea el té, turungui o agua hervida con las hojas del té que crecen en las verdes colinas o el té cha, que en vez de utilizar agua utiliza la fuerte leche de vaca que tan ávidamente consumen los kenyatas.



Como decía al principio, en Guiné-Bissau es conveniente aprender el significado de la palabra “pati’m”, que se contrasta con la palabra “pista’m”. Si la primera implicar el ofrecer o regalar algo, la segunda se refiere a prestar algo. Guiné-Bissau se sitúa en la cola de los países más pobres del mundo, y hace unos años era el antepenúltimo en la lista de los países con el índice de desarrollo humano más bajos del mundo. En una sociedad donde tener un cuaderno y un lápiz es tener un bien preciado, la gente se presta las cosas y se las regala con gran asiduidad. Es más, si a uno le piden algo, ¿cómo se van a negar? De esta forma, las familias alargadas (a los primos se les llaman hermanos, y a los primos segundos primos, o a la tía se la llama mamá,…) comparten todo, y si uno tiene la suerte de tener un pequeño empleo o una fuente de ingresos, que no piense que va a ser capaz de ahorrar mucho, ya que probablemente tenga que dedicar esos recursos en ayudar a sus allegados.

Las regiones sudestes del país son mayoritariamente musulmanas, y allí la semola o caridad, que es uno de los cinco pilares del Islam, es bien visto y agradecido. Pero al leer esto una persona se puede llegar a imaginar una gran cantidad de mendigos que vagan por las calles y que viven gracias a la caridad de los otros. Creo que no se han realizado estudios sobre el Coeficiente de Gini en Guiné-Bissau para medir la distribución de la desigualdad social, pero si se realizase, Guiné-Bissau no estaría entre los países con más desigualdad, sino que en su pobreza, la distribución a través de las familias y la solidaridad intragrupales actúa como un estado del bienestar a pequeña escala. De esta forma, los mendigos no vagan por las calles, sino que van a ver a sus allegados para recibir ayuda, y desde el más pequeño al más grande, siempre tendrá un lugar en la olla de comida que todos comparten. La olla de comida por la que si uno pasa cerca a la hora de comer, oirá la frase de “Bin cume” para invitar a sentarte junto a los otros.


Aquí en Kenya he descubierto recientemente que no existe esta diferenciación entre el “pati’m” (ofrecer) y “pista’m” (prestar). En estos seis meses de experiencia keniata, he conocido algunas personas a las que aprecio y confío. Pero he entendido, que a pesar que te digan el “préstame” (te lo devuelvo al final de mes cuando reciba mi salario) están diciendo en realidad el “ofréceme”. Una vez saboreada la experiencia, la próxima vez lo plantearé abiertamente: ¿“pati’m” o “pista’m”? con una sonrisa de oreja a oreja.

Ciertamente en Guiné-Bissau no todos son rosas y flores, y quizás en algún otro post hablaré de la desnutrición, la pobreza que mata, la malaria o el cólera. Pero mientras tanto, recuerdo con cariño a mi amigo que luchó y luchó para devolverme el dinero que le presté para crear un pequeño negocio, y que iba entregándome poco a poco con orgullo, o a mi otro amigo que a pesar de tener a muchos familiares enfermos y yo ofrecerle mi ayuda, consiguió sortear las dificultades, o de mi amigo Miguel, al que hace poco le nació un hijo y consiguió comunicarse conmigo para expresarme su emoción.