martes, 29 de noviembre de 2016

A orillas del Lago Victoria

La primera vez que fui a conocer el Lago Victoria la sensación fue la misma que cuando me acercaba a las pirámides de Egipto y no quería abrir los ojos hasta estar justo delante de ellas, sin edificios modernos de por medio. Tomamos la carretera que llega hasta Kisumu, la tercera ciudad más grande de Kenia, y después de 4 horas de viaje atravesamos la abarrotada y caótica ciudad que te hace sentir verdaderamente que estás en África: calor, humedad, pequeños puestos de comida y verdura por todas partes y las mujeres con sus coloridos vestidos africanos llevando los bártulos en la cabeza y el niño a cuestas en sus espaldas.

Fuimos sorteando las calles, nos perdimos, volvimos a encontrar el camino y, por fin, nos indicaron cuál de esas tortuosas carreteras llegaba hasta las orillas del lago. De repente el calor y la humedad desaparecieron, y una gran inmensidad de agua dulce se presentó ante nosotros.
El lago Victoria. Me pregunto cómo se debieron sentir los exploradores del siglo XIX cuando llegaron a sus orillas, al final de un viaje muchísimo más duro de lo que nos podemos llegar a imaginar, después de largos meses de ruta, de enfermedades, robos, motines y acuerdos con tribus hostiles… Speke fue el primero en llegar a sus orillas y reconocerlo como la fuente del Río Nilo, aunque pasaron bastantes años hasta que su descubrimiento le fuera reconocido y confirmado por Stanley, que lo circunnavegó y confirmó que el caudal de agua dulce donde inicia el río surge del mismo lago.

Para mí el gran descubrimiento fueron sus atardeceres. Creo que nunca he visto puestas de sol tan preciosas como a las orillas del Lago Victoria. Aunque qué decir de sus amaneceres, desde la barca con el motor encendido, las olas de agua dulce salpicándote y las estrellas que aún titilan en las partes aún negras que la noche abandona poco a poco.




La parte Keniata del lago esconde numerosas islas que descubrir. A pesar de que la parte Keniata es la más pequeña (Tanzania y Uganda comparten las orillas del lago) se pueden encontrar preciosas islas pobladas y despobladas, y avistar anidaciones de los más diversos pájaros, además de la águila pescadora y los monitor lizards, unos lagartos enormes verdes (más parecidos a pequeños dragones) que se colocan en las piedras al sol mientras te sacan de vez en cuando la lengua.

Mi recomendación es visitar tres de estas maravillosas islas: Rusinga Island, Mfangano Island y Takawini Island. A pesar de que en la isla de Rusinga la sobrepoblación está haciendo desaparecer su frondosa vegetación de antaño aún es un buen sitio que descubrir y parar a comer en el único lodge que tiene la isla. Pero la perla se la lleva Mfangano island, donde te encuentras en una jungla de vegetación con pequeños pueblitos de pescadores. Por la noche uno puede ver miles de pequeñas lucecitas undulantes en el lago… uno se pregunta si son las luces de la costa, tan acostumbrados están nuestros ojos a las grandes urbes. Pero no, son los pequeños pescadores que salen por la noche en sus botes hechos de madera y colocan pequeñas lámparas para atraer los peces, el Omena, que luego serán su comida principal durante el día.





Para finalizar la travesía, uno puede acabar la ruta en la isla de Takawini, y además de poder disfrutar de un cocktail (especialidad de la dueña y una cosa rara por esas latitudes) si es lo suficiente valeroso podrá disfrutar de las aguas claras y la arena blanca de su pequeña playa. ¡Ay! ¡Pero si estamos en África! Los análisis del agua que realizan bimensualmente dicen que las aguas están limpias en esas orillas, así que darse un chapuzón no vendrá mal después de soportar el calor sofocante del ecuador sobre las aguas del lago. ¡Eso ya dependerá de la persona!




Por mi parte, no pude reprimirme el darme un chapuzón. Aunque no llegué a hacer lo que hizo Samuel Baker al encontrar junto a su esposa las orillas del Lago Alberto, la segunda de las fuentes del Nilo: echó un buen trago de sus aguas para calmar su sed y su ansia por encontrarlo después del largo viaje. Después de todo, ¿qué más le podía pasar después de su gran periplo por las tierras de África?  



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